jueves, 27 de octubre de 2016

A ESTA LA HE QUERIDO YO MUCHO

Hace unos días pasé  por ese  portal y recordé...

En Barcelona , en una visita  a gente necesitada que hacía con chavales en el Raval ,  conocí una  pareja  de ancianos que vivían en un curioso y triste comensalismo.

Él se casó con ella por  su belleza, apenas se conocían. Le llamaba  "la Olmo".  Poco  tiempo después descubre que la mujer es  "frígida como una pared". Pero su vanidad, el que dirán y, probablemente, algo     turbio en ese hombre, le   hizo   vivir junto a ella. 

Con los años ella quedó relegada a estar encadenada por  una enfermedad degenerativa, una descalcificación de huesos ,   que  le  obligaba a dar una interminable, lenta, arrastrada ,  y repetitiva órbita desde  su habitación a la cocina, y vuelta.

La soledad de esa  mujer  era terrible. Sus  ojos  de párpados caídos , batracios y glaucos, transmitían en silencio  mucho dolor:

- Tot es patí - decía(todo  es  sufrir).

Él se había  reservado la mejor  habitación, el salón, recubierto de  fotos cursis que tenía  pegadas a las paredes.

Una vez  me confesó que  había sobrevivido a la soledad  gracias a las películas porno  de las que era un asiduo  consumidor...y vete a  saber a  qué costumbres más. 

Un día el sacerdote que atendía  la parroquia donde vivían  en Barcelona - nuestra señora de  Belén- fue a  visitarle. Resultó que ese  cura era muy amanerado y de voz muy atiplada. Y nuestro hombre también. La verdad es que parecían gemelos de Boris Izaguirre.

Fue  una escena  inolvidable, y desternillante. 

Pensó el visitado que el mosén se  burlaba de él y que  le estaba  imitando en su amaneramiento tralarala , y con cajas destempladas  lo echó de  casa al grito de "¡ si usted me está llamando  maricón se va  burlar de su puta madre!" .

La razón por la que iba a esa casa era "La Olmo". Pero aquel hombre se apoderaba de  mi  y tenía que inventar mil historias   para ir  a la habitación de ella.

Un día  abrió varios  armarios repletos de revistas  pornográficas. 

Me mostró la colección, extendida encima de la mesa camilla, y decía, "¡mira ésta que guapa!...¡¿y éste chochito?....¡ mira, mira!.

Y en un momento determinado señala una, la coge con las  manos  para verla mejor, me la acerca  para que la observe  con él, y suspira:

- ¡A  ésta  la  he  querido  yo mucho!

Entonces, con 24  años ,  me dio asco. Hoy hubiese  llorado.  

La casa estaba en un ático  muy parecido a este.

"Tot  es  patí".


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